Con polémica, quedó inaugurada ayer la 38º Feria Internacional del Libro
“Impacta la estrategia de meter miedo”
Publicado en diario Página 12, el 20 de abril de 2012
Se cruzaron en sus discursos Alberto Sileoni y Hernán Lombardi. El funcionario
del gobierno porteño dijo que en el país se entorpece la libre circulación de los
libros. Y el ministro de Educación de la Nación le contestó: “No hay un solo libro
parado en la Aduana”.
Por Silvina Friera
Un preámbulo a la madeja de sensaciones que dejó la inauguración de la 38ª Feria
Internacional del Libro en La Rural, a cargo del escritor Luis Gusmán, no debería
omitir el recurso de hiperbolizar el relato del miedo. A juzgar por el cuadro de situación
que trazó el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi –abucheado por una parte
de los asistentes, celebrado por la otra–, en el país se entorpece la libre circulación
de los libros. “Ningún troglodita nos puede decir qué leer”, fustigó con una intensidad
demasiado rabiosa, exasperando la retórica liberal. “En el pasado hemos escuchado
una gran zoncera: decían que nos daba lo mismo producir aceros o caramelos. No
dejemos pasar una zoncera equiparable: no es lo mismo, señor secretario de Comercio,
importar libros que perfumes.” Pronunciar la palabra víctima, sostener que los lectores
argentinos son “víctimas”, que no pueden leer lo que se les antoja, provocó que una
muchacha se pusiera de pie. Y junto a ella unos cuantos más. “¡Abran los cursos en
las escuelas!”, le reclamaban a Lombardi. “Castigar a los lectores es una enfervorizada
declaración de arcaísmo intelectual y pone de manifiesto una ideología que desprecia
el valor del conocimiento”, insistió Lombardi. “Nunca más el miedo metafísico al horror,
a la tortura, a los asesinatos, a las desapariciones forzadas, a la quema de libros”,
agregó. “¡Era lo que hacían tus amigos!”, recordó la voz de un hombre que llegaba
como un eco desde el fondo de la Sala José Hernández. El enojo crecía. “A lo único
que le tenemos que tener miedo es al miedo”, proclamaba el ministro. Un coro
enfervorizado le retrucó: “Y a Macri”.
El ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, fue directo al grano. “No parece
ser éste un país ganado por el miedo cuando hay un 30 por ciento más de expositores en
la Feria, ni es un país donde falte la libertad. Sorprende escuchar algunas intencionadas
diatribas en torno de la restricción: no hay un solo libro que esté parado en la Aduana.
No vamos a aceptar ningún tipo de manifestación mentirosa”, afirmó el funcionario de
la cartera educativa, quien abogó por “cuidar el presente y mirar desde una perspectiva
nacional como hacen las grandes potencias”. Sileoni celebró este momento del país
con “una democracia construida por todos, con esfuerzo, con disensos”, y admitió
que “impacta esa estrategia de meter miedo, porque la democracia invita a discutir
ideas, modelos y proyectos”.
Gustavo Canevaro, presidente de la Fundación El Libro, reflexionó sobre el “panorama
confuso” que está atravesando la industria editorial argentina. Desde hace meses, el
gobierno nacional y las cámaras del sector están conversando sobre las formas “más
adecuadas” de limitar la importación de libros. “Como editor y lector argentino, no puedo
más que estar de acuerdo con la idea general de promover la producción gráfica argentina,
entendiendo que la misma estimulará una mayor y más eficiente oferta de libros, siempre
y cuando se preserve la importación irrestricta de la diversidad bibliográfica”, aclaró.
El presidente de la Fundación El Libro recomendó que la política de sustitución de
importaciones “sea aplicable únicamente a la producción gráfica” y exigió que “se
trabaje sin pausa en generar una cadena de valor eficiente que contemple la exención
de controles de dudosa necesidad, como el de plomo en tintas, cuya aplicación sólo
agregará costos inútiles y trabas que complicarán la comercialización del libro”. Canevaro
destacó que la nueva forma de medir las importaciones, el registro del ISBN para el comercio
exterior que propuso la Secretaría de Cultura de la Nación, es “bienvenida”. “Si el sector
editorial argentino crece, aumentará la producción de un valor agregado de exportación
sofisticado y de alto impacto”, pronosticó Canevaro.
“La lectura es un acto de libertad y de soberanía”, subrayó Rodolfo Hamawi, director
nacional de Industrias Culturales. El funcionario aseguró que el acuerdo que suscribieron
las dos cámaras de editores (CAL y CAP) con la Secretaría de Comercio representa
“un avance en la búsqueda de un desarrollo armonioso de toda la cadena de producción
del libro en Argentina, para que los libros argentinos se impriman en nuestro país y para
seguir abiertos a la edición internacional, pero con justos y equilibrados términos de
intercambio”. Hamawi ponderó que el país “siempre dio la bienvenida a los libros de
autores y editoriales de todo el mundo” y mencionó que el 30 por ciento de los títulos
editados durante 2011 corresponde a autores extranjeros. “Lo que es inaceptable es
destruir trabajo argentino de papeleras e imprentas contratando servicios de impresión
en el extranjero; salvo en contados casos, nuestro país está preparado para abastecer
nuestra demanda editorial”, advirtió el director de Industrias Culturales. “Una política de
soberanía cultural es defender a las pequeñas y medianas editoriales nacionales. No
se trata de ejercer ningún tipo de discriminación con las editoriales filiales de empresas
extranjeras, sino de reconocer que existen diferencias con aquellas cuyas decisiones
estratégicas se toman aquí. Los Divinsky, los Narvaja, Levin, Rubinzal, Pampín,
Gremenpacher, De Santos, Cabanellas, Rodrigué o Canevaro, entre tantos otros,
siempre estuvieron y siempre estarán contra viento y marea defendiendo la edición
argentina.” No ahorró el filo de la ironía cuando eligió reciclar y actualizar el complejo
sentido de una vieja frase, como si revolviera las más delicadas vísceras del pasado.
“En 2011 no sólo se batió el record en la edición de libros, también se superó el record
de fabricación de zapatillas –comentó Hamawi–. Estamos en un país donde cada vez
más jóvenes podrán andar en zapatillas o alpargatas y también con un libro bajo el
brazo.”
Cuando llegó el turno del escritor, Gusmán anticipó: “No creo que pueda despertar
tanto entusiasmo ante la audiencia”. El autor de El frasquito, Villa, El peletero y La
casa del Dios oculto, entre otros títulos, dijo que “el libro nos cifra antes de que lo
descifremos; los libros tienen el poder de la revelación y el misterio”. Lejos de las
hipótesis pesimistas, enfatizó que el poder de ese misterio no desaparece con el
avance tecnológico ni con el progreso. “Estoy convencido de que un libro te puede
cambiar la vida. Todavía me sucede cuando vuelvo a leer a mis escritores preferidos,
y también cuando leo a algún autor que no conozco. Entonces, comienza otra circulación:
lo presto, lo regalo, hablo del libro, lo que los libreros todavía llaman el boca a boca. Es
decir, el libro ya está en la lengua.” Después de que todos los oradores cortaron la cinta,
Marifé Boix-García, vicepresidenta de la Feria del Libro de Frankfurt, no dudó
en resumir su impresión ante Página/12: “Esta sí que fue una inauguración; las nuestras
son aburridas”.
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