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Tusquets entra en el universo de Planeta

Una operación que beneficia a los dos sellos. Planeta ha entrado en el accionariado de Tusquets.  Al primero, con el gran catálogo de la editorial de Beatriz de Moura. Al segundo, al mejorar su distribución y la adaptación al e-book

De Moura reconoció ayer su satisfacción por esta nueva alianza con Planeta
27 Abril 12 - - J. Ors - Madrid

Aliarse para mantener la independencia. La historia no es racional. Es paradójica. Lampedusa, que entrevió mejor que nadie las contradicciones que arbitran la historia, lo expresó con palabras más adecuadas: todo tiene que cambiar para que todo permanezca igual. O casi. En 1969 apareció un sello independiente  que, con el tiempo, ha dejado profundos relejes en el panorama editorial. Han pasado más de cuarenta años desde el nacimiento de Tusquets. La época ha cambiado. La sociedad, también. Y los modelos de hoy nada tienen que ver con los de ayer.

Los retos del futuro
«Venimos de un mundo antiguo, remoto, y la vida y el mundo actual son muy distintos. Hemos entrado en un nuevo siglo con un sistema que está trasnochado por todo lo que está sucediendo; por otro lado, había que ponerse al día. Nuestra distribución, aunque era muy buena, ya estaba bastante desgastada, y no creo que fuera la más apropiada para los momentos actuales. Necesitábamos seguridad en la distribución del libro físico y, por supuesto, del digital», reconoció Beatriz de Moura. Planeta Corporación y Tusquets Editores anunciaron ayer un acuerdo de asociación. Los rumores que circulaban desde hacía meses se cumplían. Esta unión permite, aparte de que De Moura prosiga al frente de su catálogo, acceder a la plataforma de distribución y administración del grupo que preside José Manuel Lara Bosch. «Ahora la editorial tiene el futuro asegurado. Los autores han sido avisados de antemano y han reaccionado muy bien. Luis Landero, incluso, me ha mandado el manuscrito de su siguiente trabajo como una forma de mostrarme su apoyo. ¿No ha sido un gesto bonito? Me preocupaban los autores. Quería que la editorial sobreviviera después de mí. Ahora, en caso de que  sucediese algo, los escritores no estarán desprotegidos», comentó De Moura. Es una manera de adecuarse a un horizonte que se aproxima con una ventisca de transformaciones. «Sobre todo, nos ayudará en lo digital. Tenemos que ponernos en esa onda. De momento, no afecta demasiado a España, pero lo electrónico ha venido para quedarse. Hay que estar preparado porque si te pilla desprevenido, te quedas fuera. Aquí estamos todavía en un dos por ciento de ventas. Existen muchas dudas aún, hay que desarrollar la red de distribución para defenderse  y tener fueza económica. Esto sólo lo pueden hacer los poderosos. El libro electronico es una salida que no se puede ignorar. Sería de locos».

–¿Qué ocurrirá con las editoriales independientes?
–Si no se asocian para montar una distribuidora para ellas, tendrán un futuro reducido. Podrán capear, pero será difícil, sobre todo con la crisis económica. Si yo estuviera en su lugar y empezara ahora, y tuviera dinero, montaría una  logística, que es lo que tiene Planeta, y centralizaría el almancenaje, que significa bajar los costes inmediatamente.

No es la primera vez que Tusquets y Planeta se han unido, pero esta vez parece definitiva. «Mi relación con José Manuel Lara es magnífica. Le debo su amistad y su confianza. Siempre se ha portado muy bien, y con una entereza y una lealtad... Una lealtad de la que otros fardan, y no sé de qué». Esta asociación permitirá una mejor distribución de Tusquets en España y en América, lo que redundará en un mejor conocimiento de sus escritores. 

Una cuestión de edad
«Estábamos en muchos sitios, aunque no se notaba. Éramos la editorial internacional de lengua española más pequeña. Pero ahora habrá una red común de distribución en todos los países. Hay que hacer una adaptación. Es inevitable», aseguró De Moura. Con esta asociación, Tusquets sigue los pasos de Anagrama. Los dos sellos nacieron el mismo año. Han mantenido paralelos caminos de prestigio. Y ambas presumen de leyenda propia entre los lectores. «Es una cuestión de edad. Anagrama y Tusquets tienen una historia similar con problemas semejantes; lo que yo no quería era una editorial extranjera. Herralde escogió Feltrinelli, que es italiana y crece sobre todo en librerías. Quiero seguir en España y que mi editorial quede encauzada para el futuro cuando yo ya no esté. No quiero que desparezca después de mí». Luego apostilla: «Con una crisis como ésta, una editorial de nuestro tamaño, no sé hasta cuándo aguantaría. Las compras han descendido, dependiendo de cada sello, entre un 20 o 30 por ciento. Todo el mundo editorial ha bajado la producción».


Un catálogo impecable
Tusquets siempre se ha caracterizado por su gran selección de obras. Entre sus filas está Gabriel García Márquez o Milan Kundera. Impulsó a un escritor como Javier Cercas, cuyo libro «Soldados de Salamina» fue un éxito, y a Almudena Grandes, a la que descubrió a partir del Premio La Sonrisa Vertical. Entre los nombres de su catálogo está Carlos Marzal, Luis Landero, Fernando Aramburu o Javier Pérez Andújar, entre otros. Pero también tiene una gran nómina de autores extranjeros. El más conocido es Haruki Murakami, que es uno de los novelistas que más seguidores tiene en la actualidad.

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Comentario de Guido Indij el mayo 1, 2012 a las 7:44pm

“Una editorial mediana independiente tiene los días contados si no se blinda”

Beatriz de Moura explica el acuerdo de Tusquets con Planeta

Aunque no precisa el porcentaje del accionariado se habla del 50%

“Yo sigo independiente; a mí no me ha comprado nadie”. Con esta contundencia la editora Beatriz de Moura deja claras las reglas del juego de lo que califica de “acuerdo de asociación” entre Tusquets, la editorial que fundó en 1.... Se trata de la empresa madre de todo el grupo Planeta, por la cual esta entra en el accionariado de la primera en un porcentaje que fuentes del sector fijan en un 50% pero que la veterana y carismática editora no quiere ratificar. Pero sí afirma que el pacto se traduce en una situación de “absoluta paridad, tanta que el consejo de administración estará formado por dos personas de Planeta Corporación y dos nuestras, yo misma y Pantaleón Bruguera”. Este último, director general de Tusquets desde septiembre de 2009 y accionista de la misma con un 5%, habría vendido su parte.

El silencio sobre algunos temas fundamentales del acuerdo era total entre Tusquets y Planeta. Fuentes del grupo afirman que acordaron con la presidenta y directora literaria de Tusquets que sería ella quien “pilotaría la información” sobre su asociación. “Ya nos parece bien que ella tenga todo el protagonismo, indican fuentes del grupo que sólo avanzan que Planeta Corporación está “muy satisfecha” con el acuerdo alcanzado.

“Soy tremendamente feliz y me he quitado un peso de encima porque soy responsable de 24 personas con sus sueldos; lo he pensado mucho, llevo un año y medio con esto y yo quiero que Tusquets viva y me sobreviva: he tirado adelante 43 años y no estoy dispuesta a echarlo por la borda”, explica la editora para justificar su cambio de opinión desde que en octubre de 2009, tras la muerte de su marido y socio Antonio López Lamadrid, asegurara que “Tusquets no se vende” y que descartaban la entrada de capital. Pero que hoy afirma que las circunstancias han cambiado mucho en poco tiempo. “Una editorial mediana independiente tiene hoy los días contados si no te blindas”. Y apunta para ello a los campos de la distribución (“no se pueden tener almacenes repartidos por toda España; nuestra distribución es obsoleta y yo no tenía poder económico para construir una logística y un aparato comercial moderno y eficaz) y al de la revolución digital (“esto ha llegado para quedarse y en menos de año y medio, no más, será exponencial; quien se quede fuera de todo esto se hará mucha pupa”). A esos dos factores, De Moura añade la nube de la crisis que, según sus datos, “ha llevado al sector a una caída del 30% de las ventas en lo que va de año; el nuestro no es un porcentaje tan alto, pero se ha notado”, admite.

La editora admite que las conversaciones empezaron “encaminadas sólo al tema de la distribución” y que ha facilitado las cosas la “excelente relación” que tanto ella como López Lamadrid mantuvieron entre 1995 y 1998 con José Manuel Lara Bosch, cuando Planeta adquirió el 40% de Tusquets que luego recompraron. “El factor humano ha ayudado muchísimo”, ratifica, y eso explica tanto el acuerdo como que este se haya hecho a través de Planeta corporación, “que es lo que lleva más la familia”. Desconoce, sin embargo, si eso respondería también a una maniobra para evitar posibles trabas que la Unión Europea pusiera al acuerdo a partir de las leyes antimonopolio, como ya le sucediera a Planeta tras la compra de la francesa Editis. También afirma que Planeta ha sido su primera opción y saca hierro a su aproximación, en la Feria de Fancfort del año pasado, a la francesa Gallimard. “Tengo buena amistad con Antoine Gallimard, y sé de sus elogios públicos hacia nosotros, pero no había nada”.

Cuidadosa, cree que el lector de Tusquets no notará nada. “A Planeta le interesa que sigamos produciendo y mantenido un fondo así; todo el catálogo es responsabilidad mía y está con todos los contratos vivos; si hubiera cambios no lo aceptaría, no me gusta que me pisen, todo está bien escrito en el acuerdo…Ya rompimos una vez, o sea que.. pero no sería bueno ahora que volviera a pasar”, reflexiona.

Las consecuencias del acuerdo se verán más en la trastienda. Amén de aspectos administrativos (como podría ser la compra conjunta de papel), la primera gran incidencia estará en la distribución: en enero próximo, las actuales distribuidoras de Tusquets, Les Punxes (en la que estaba desde 1975 y de la que significaba cerca del 20% de su facturación) y Machado Libros, dejarán de hacerlo para dar paso a las de Planeta, que podrían asociarse con las que Tusquets tiene ya en sus delegaciones de México y Argentina. “Nuestras filiales funcionan ahí perfectamente, pero la distribución de todo el resto de América Latina puede mejorar mucho, especialmente en Colombia, que creo que es un foco lector muy importante”.

La otra pata es el mundo del libro electrónico donde De Moura se había mantenido hasta la fecha muy cauta, sin arrancar en firme el proceso de digitalización de sus autores. “no quiero que este tema nos pille en falso y también requiere una gran inversión y fuerte presencia en plataformas; con planeta ganaremos en eso: ellos están reelaborando la plataforma Libranda y, por otro lado, su cadena de librerías Casa del Libro vende bien ya libros digitales, se puede empezar por aquí siempre que quieran nuestros autores”, recalca la editora y presidenta de Tusquets, que estos días ha hecho llegar una carta a sus autores avanzando el acuerdo con Planeta. “Están encantados porque ven su vida literaria asegurada en Tusquets”.

La entrada de Planeta en Tusquets llega poco más de un año después del acuerdo de Anagrama con la italiana Feltrinelli, paradigmas ambas en la edición española del sello mediano independiente por definición. ¿Acabó una etapa? “Sí, quizá sea el final para un tipo de editoriales: las medianas independientes que no cuiden esos aspectos lo pasarán muy mal; y luego está que tenemos una edad, claro: tengo 73 años y quizá cuando chochee sería prudente que vendiera mi parte; pero, de momento, no es así”.

Comentario de Guido Indij el mayo 1, 2012 a las 7:44pm

Fiesta del 25 aniversario de la editorial Tusquets, en 1994

¿Tienen las editoriales independientes los días contados si no se blindan o crean alianzas con grandes grupos o conglomerados editoriales? ¿La precipitación de un nuevo paradigma económico y digital redibuja un nuevo mapa editorial en España? Las preguntas que suelen rondar a los sellos medianos y pequeños cobran vigencia con la entrada del Grupo Planeta en el accionariado de Tusquets, la última editorial clásica, prestigiosa e independiente española. Casi una de cada tres editoriales está hoy vinculada a un grupo o conglomerado editorial. La joint ventureentre Planeta Corporación y Tusquets está cerca de poner el punto y final a la existencia de sellos independientes de corte literario y volumen de negocio medio que no estén bajo un paraguas que pueda darles cobertura logística. El fenómeno no es nuevo.

El acuerdo de Tusquets es de asociación y seguirá liderada por Beatriz de Moura al frente de su equipo editorial, que “podrá no sólo acceder a la poderosa y eficaz plataforma de servicios de distribución de Planeta, sino a los de administración que, con el tiempo y una colaboración activa, crean conveniente", dice el comunicado. De Moura no ha precisado el porcentaje que tendrá Planeta (aunque se especula que es del 50%), y afirma: "Yo sigo independiente. A mí no me ha comprado nadie”. Una prueba de ello, según la editora, es que el nuevo consejo es paritario, habrá dos personas de cada editorial.

Varios editores, hermanos pequeños y alumnos aventajados de los nombres emblemáticos del mundo de la edición coinciden en aclarar que el caso de Tusquets como el de Anagrama, que en 2015 pasará a la italiana Feltrinelli, se debe más a que no hay una sucesión natural; aunque recuerdan que los antecedentes de convenios similares vividos por otras editoriales es que terminan siendo fagocitadas por las grandes.

Sobre el panorama editorial, Manuel Borrás, editor de Pre-Textos, creada en 1976, aclara que “una cosa es la supervivencia mercantil y otra la independencia de la empresa Ojalá que, además de la paridad expresada en el acuerdo con Planeta, quede garantizada la independencia de una editorial como Tusquets, que para mí en el ámbito literario español ha tenido una gran importancia y junto con Anagrama supusieron en el ámbito editorial un ejemplo a seguir”.

Sigrid Kraus, fundadora y editora de Salamandra hace 12 años, cree que para sobrevivir no hace falta unirse a un grupo más grande. Una vez entrados en esa situación “la supervivencia está más en ser libres e independientes. Además de que puede recortar tu creatividad y valentía porque hay que rendir cuentas”. Si todo fuera así, agrega Kraus, ni Planeta podría defenderse de Google y Apple.

El riesgo de estas alianzas, apoyos, cuerdos o convenios es que se desdibuje la personalidad y la idiosincrasia de una editorial adquirida por un grupo grande. En la franja de Tusquets y Anagrama quedan ahora por volumen, si bien provenientes de estrategias y épocas muy distintas, Salamandra y Edhasa.

La salida para crecer e ir al ritmo de los tiempos no necesariamente es aliarse con grandes grupos, coinciden los editores. “Aunque la realidad, mal que nos pese, impone su efecto rectificador y los tiempos que soplan hacen cambiar de planes”, dice Borrás desde la Feria del Libro de Bogotá.

En el caso de editoriales pequeñas o medianas surgidas entre los años noventa y este siglo que han adquirido una pátina de prestigio e independencia a situación es distinta, asegura Juan Casamayor, de Páginas de Espuma creada hace 13 años. Recuerda que Jorge Herralde dijo que de la misma manera que editoriales como Anagrama surgieron como una insumisión contra el franquismo, las aparecidas a finales de los años noventa y este siglo son las insumisas contra la censura comercial. Estas últimas, afirma Casamayor, “han demostrado que saben nacer, mantenerse y crecer. Que algunas desaparecerán seguro, porque hay ciclos comerciales y editoriales”. Sobre Tusquets, dice: "Siempre había una incógnita, porque de Anagrama supimos hace unos años hacia dónde iba, y es lógico que Beatriz de Moura quiera cerrar un ciclo y dar larga vida a Tusquets".

Es verdad que todo es más difícil que hace años, pero “hay editoriales medianas y pequeñas que se han mantenido independientes”, afirma Luis Solano de Libros del Asteroide, su fundador y editor desde hace siete años. El riesgo de estos movimientos para editoriales como las nuestras, agrega Solano, “es que otras compañías persiguen criterios más comerciales que editoriales y literarios, y cuando vendes a una más grande corres el riesgo de poner en duda esa independencia y línea que te ha dado el reconocimiento”. Pero sobre todo depende del tiempo que confirma o no lo acordado. Espero que Tusquets no pierda independencia y continúen siendo referencia de calidad.

La segunda lectura pasa por entender el pacto Planeta-Tusquets como un escalón más en el lento pero inexorable proceso de concentración editorial español que, ceñido al marco de esa clase media, se ha acelerado desde hace un par de años como consecuencia de la crisis económica y que ha llevado, por citar sólo dos casos recientes, a la compra de Siglo XXI por Akal (mayo de 2010) o a la de la división española de De Vecchi por Edhasa (octubre de 2010).

El fenómeno no es nuevo. Aquí --amén de la compra del sello de Josep Janés por Germán Plaza para fundar Plaza & Janés en 1959— el proceso de concentración arrancó, en una primera fase, entre mediados de los años 80 y principios de los 90, cuando el mercado editorial español empezaba, tras una crisis económica que estaba dejando tocados a sellos históricos, a dar muestras por otro lado de cierta madurez. Los grandes conglomerados de la industria del ocio europea detectaron la conjunción, imaginando también la expansión por América Latina que ya no podían hacer en sus países.

En ese contexto será como la alemana Bertelsmann comprará Plaza & Janés en 1984 y la italiana Mondadori hará lo propio en 1989 adquiriendo la histórica Grijalbo (1962) y, en el paquete, quedándose con Crítica (1974), de las grandes en ciencias sociales y que en 1999 acabaría en manos de Planeta. Sólo un año antes que los italianos, en 1988, el grupo francés Hachette se había quedado con Salvat Editores (1923).

Por una cuestión de supervivencia, los grandes grupos autóctonos habían empezado a mover ficha. Anaya, creada en 1959 como sello de libro de texto por Germán Sánchez Ruipérez, adquiría en 1981 Tecnos (de 1947) pero daba el golpe en 1989 quedándose Alianza (fundada en 1965). La recién creada Ediciones B (salida del periodístico Grupo Z) adquiría en 1986 la reina de los cómics y del entonces libro de bolsillo, Bruguera, nacida en 1910 pero refundada como tal en 1940.

La compra de Tecnos por Anaya era un movimiento un poco a imagen y semejanza de la estrategia que Planeta había arrancado en 1982, cuando se hizo con una de las grandes de la edición literaria de calidad, Seix Barral, que desde 1950, con la llegada de Carlos Barral, marcaba el pulso de la modernidad novelística. La absorción de Seix Barral por Planeta sería la punta del iceberg de algo usual en nuestros días: editoriales con un catálogo fino, generalmente fruto de los gustos difícilmente transferibles de sus directores literarios o directamente propietarios, eran absorbidos por grandes sellos de corte comercial y volumen de facturación y personal notabilísimos: un mercado ya masivo requería fondos de títulos y diversificación de oferta. La ratificación de esta teoría volvería a llegar de la mano del grupo de José Manuel Lara Hernández, que en 1989 sumaba a su conglomerado Ediciones Destino (1942), primera gran editorial literaria en el erial cultural de la posguerra.

En esa primera tanda, otra vez Planeta golpeaba dos veces y daba un salto al hiperespacio editorial al adquirir en 1991 todo un mito, Espasa-Calpe (1926) por la friolera de 10.000 millones de pesetas. Lo más normal, sin embargo, era la compra de sellos más modestos, con pedigrí literario, como el que puede simbolizar la entrada en 1996 de Anaya en el accionariado de Siruela (fundada cuatro años antes) y que con los años acabaría conllevando la marcha de su fundador Jacobo Siruela.

Sin paralizarse nunca del todo, la segunda gran oleada de este proceso se dio con el estreno del nuevo milenio, cuando Mondadori y Bertelsmann (a través de su sello Random House) juntaron fuerzas en 2001. La espiral para alimentar los nuevos conglomerados comportó, entre otras muchas operaciones, algunas de tan notorias como las adquisiciones de Paidós (1979) en 2003 por Planeta de nuevo (a través de Espasa) o las de una pujante RBA, que en 2004 se hizo con las catalanas La Magrana, L’Avenç y Molino, propietaria de Agatha Christie en España; unos sellos a los que dos años después añadiría la también infantil Serres pero, a su vez, la exquisita Gredos (1946).

En una carrera sinfín, y con la voluntad de no dejar resquicios, ese mismo 2006 Planeta llegaba a un acuerdo a tres bandas con Enciclopèdia Catalana y Grupo 62, convirtiéndose en el líder absoluto del mercado catalán; dos años después llegaba el último gran golpe, la compra de la francesa Editis (1.000 millones de euros y ella sola con cerca de 40 marcas editoriales).

Capeando el chaparrón entre los grandes, Edhasa ha adquirido en dos fases (2008 y el año pasado) la Castalia (1945) de los grandes clásicos españoles y Akal, Siglo XXI (1967) no hace ni dos años, entre otras muchas operaciones. En ese panorama de fusionarse o ser fusionado se han visto envueltos Anagrama (con Feltrinelli, en diciembre de 2010) y, ahora, Tusquets.

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