
Desde hace algunos meses, el sector editorial ha quedado en el centro de la escena a raíz de ciertas adecuaciones que el Estado Nacional ha planteado en relación al comercio exterior de libros. A raíz de ello, se han publicado y analizado datos que se pretenden certeros y que por lo tanto habilitan análisis concluyentes respecto de una actividad central en la vida cultural de nuestra nación.
No obstante, para que un dato sea válido debe cumplir con una serie de condiciones: debe provenir de una fuente confiable, debe estar sustentado en una relación entre el objeto que se pretende medir, la forma en que se lo mide y la manera en que se enuncian los resultados. Es también sabido que, en algunas ocasiones, la presentación parcial de ciertos resultados puede inducir a lecturas equivocadas o sesgadas.
Este es el caso para la información del comercio exterior del sector editorial. Hasta hoy los datos relevados sobre la balanza comercial del libro – exportaciones, importaciones y saldo comercial– surgía de las declaraciones que se hacían en la Aduana en la partida “49.01”. Esta información resultaba insuficiente y confusa fundamentalmente por dos cuestiones.
Por un lado, porque no todos los libros que se declaran como importados son extranjeros. Lo que verdaderamente define el “origen” de un libro no es el país de impresión sino el país en el que se asigna el código de ISBN [1], y ello no siempre coincide con el origen de la editorial que posee los derechos, ni con el país en el que se imprimen los ejemplares. Para poner un ejemplo concreto, una editorial española puede editar un libro de Cortázar, asignándole un ISBN argentino e imprimirlo en China. Esta tirada de ejemplares ingresará al país como “libro importado”, cuando en realidad lo que se está importando es un “servicio de impresión”, una actividad que muchas editoriales terciarizan.
En segundo lugar, porque no todo lo que se declara como libro es un libro. Las operaciones de comercio exterior se basan en la declaración que hacen los agentes comerciales. Si bien existen diversas formas de control, es conocido que una gran cantidad de objetos que son declarados como “libros” son, en realidad, “material impreso”, como es el caso de los manuales de electrodomésticos, de automotores, etc. Incide en ésta el tratamiento arancelario que tienen los libros.
En síntesis, con la información disponible hasta hoy, la caracterización del comercio exterior de libros resultaba confusa y equívoca. Por tanto, se realizaban diagnósticos desacertados sobre la temática y se desconocía con veracidad cuántos libros importados ingresaban a nuestro país, cuántos libros nacionales se imprimían el exterior, cómo era la composición de las exportaciones de libros argentinos, cuál era la nacionalidad de los autores, el origen de los títulos, etc.
Por ello, desde el 14 abril comenzará a funcionar un Registro de ISBN para el comercio exterior del sector editorial. La Dirección General de Aduanas - Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) y la Secretaría de Cultura de la Nación comenzarán a exigir la declaración del ISBN, como sufijo de valor y estadística, en todas las transacciones de comercio exterior que se realicen a través de la Partida 49.01. Esto permitirá recolectar información fundamental respecto a las importaciones y exportaciones que realiza el sector editorial de libros, constituyendo un insumo imprescindible a la hora de diagnosticar el funcionamiento de este relevante sector de la cultura.
Son varios los beneficios que esta nueva información brindará:
Este logro se enmarca en el trabajo que desde el año 2006 viene realizando el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA), en el ámbito de la Dirección Nacional de Industrias Culturales de esta Secretaría de Cultura. Construir información confiable permite realizar diagnósticos certeros sobre la dinámica de la cultura y las industrias culturales, y, por tanto, intervenir con criterio y efectividad sobre las problemáticas que aquejan a este sector.
[1] EL ISBN (International Standard Book Number) es un identificador único internacional para libros. Fue creado en el Reino Unido en 1966 y fue adoptado como estándar internacional en 1970.
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A Débora Siskindovich le gusta la discusión 'Redes sociales Vs libros vendidos' de Guillermo Schavelzon© 2013 Creado por Gente del Libro.
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